COSILLAS DE AQUÍ Y DE ACÁ (Y UNA QUE OTRA DE ACULLÁ)

Vida y andanzas de un Mexicano en la Madre Patria, con algunas reflexiones que no caben en otro lado

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Wednesday, September 20, 2006

Y mi tierra tembló...

COSILLAS DE AQUÍ Y DE ACÁ (Y UNA QUE OTRA DE ACULLÁ)

A mí me agarró como al Tigre de Santa Julia.

En aquel entonces vivía yo en Peñoles, cerca de Río Consulado, en la muy gloriosa Valle Gómez, en un departamento viejo que alquilábamos en el primer piso de lo que hacía ya muchos años había dejado de ser la vecindad más naiz de la cuadra.

Como todos los días, me levanté a eso de las 7:15 de la madrugada. Salté de la cama en calzones. Mi hijo, de 1 añito de edad, aún dormía con nosotros (digo, con mi vieja y yo). Bueno, salí de la cama y como de costumbre, fuí directo al baño. Estaba yo haciendo caras en el espejo, viéndome los dientes y, bueno, ya saben, lo que hacemos todos, cuando sentí los primeros movimientos. Estaba rozando el lavabo con... la parte más sensible de mi masculinidad cuando comenzó el bamboleo. "Vieja" -dije a la interfecta, simulando una tranquilidad que estaba muy lejos de sentir-, "está temblando. Salte con los niños". Ella se levantó, fue a ver a mis otras dos hijas y me pidió salir del baño y cargar yo al más pequeño, lo cual hice aún estando en calzones (yo, no m'ijo). Con mi chamaco en un brazo, busqué mi pantalón. El piso no dejaba de moverse.

Me fui a la sala y me coloqué bajo un arco. Dejó de temblar un poco. Yo, sin dejar a mi chamaco, me recargué en un librero que hacía las veces de división entre sala y comedor. Intenté ponerme el pantalón con una sola mano. Medio agachado estaba, con una pierna aún a ráiz cuando vino lo bueno: La tierra comenzó un segundo jalón, como gelatina, pa'yá y pa'cá, y de acá a acullá. En serio que yo esperaba que el piso se nos hundiera. No podía dar un solo paso y me dí un sentón. Ahí me quedé.

Del librero cayó una figurita de porcelana, un gatito blanco, la única víctima en mi familia. Aún la conservo. Afuera solo se escuchaban los gritos de las viejas de siempre. Ahí estaban hincadas a medio patio de la vecindad las más cabronas, chismosas y escandalosas, enseñando el cobre.

Cuando terminó la cosa, un poco después, nos enteramos que "el 53", la vecindad de más abolengo, se había derrumbado. Era de adobe, al igual que las paredes de "el 19", la gloriosa vecindad que me vió nacer. El "47", donde pasé la mayor parte de mi juventud, no sufrió daños mayores, y del "67", donde vivía, solo se descarapelaron las cornisas de los pasillos.

Luego vino mi cuñado, que vivía en Calz. de Guadalupe, frente al Cine de la Villa, a decirnos que el anuncio de la Corona que estaba en la glorieta de Peralvillo se había caído, y después nos enteramos que varios edificios de Tlatelolco, de esos que daban a Reforma, también habían besado el suelo.

En cuanto pude, yo me fui caminando a la colonia Ajusco, más arriba del Metro Taxqueña, donde vivían mis padres. Me la aventé a pincel, un tanto por la falta de transporte como por la pinche curiosidad. Vi cómo habían quedado el Nuevo León, las vecindades de Tepito, las torres esas de Pino Suárez y otros edificios por la calzada de Tlalpan. Al pasar por Balderas vi el reloj de DM Nacional. Se quedó parado a las 7:19 de aquel 19 de Septiembre de 1985. Sentí algo de alegría al ver caído el edificio de "Salinas y Rocha". Les debía una lana, pero de todos modos no me les escapé. "El Gran Disco", mi tienda favorita, era historia, al igual que el "Hotel Regis", que aún echaba humo.

Al siguiente día me fui de voluntario a la Delegación Cuauhtémoc, donde organicé un sistema de captación de necesidades. Sí, me dije, pues por la radio se escucha que en tales lugares se requiere gente o herramientas, pero nadie, NADIE les prestaba atención. Ahí conseguí unos radios (10), un espacio con mesas, papel y lápices y puse a unos chavos, voluntarios también, a tomar nota de lugares y necesidads según fueran surgiendo, mismos que pasábamos a algún funcionario de la delegación (mi hermano, que tenía algo que ver con Relaciones Públicas), De inmediato se enviaban palas, ropa, gente... Creo que fue una buena aportación. Cosa curiosa, la delegación estaba llena de chavas y chavos que querían ser voluntarios a cual más, pero cuando los llamaba a meterse a una oficina, el otro lado del heroísmo, nadie quería. Todos deseaban ir a donde serían los héroes del rescate, no aburridos funcionarios administrativos a quien nadie "pelaba".

Un año después me fui para los Yunites Estates y desde hace casi 2 años ando por acá de conquistador en la Madre Patria.

NOTA: Buscaba en google alguna fotica para poner, pero mejor búsquenle ustedes que ya me salpicaron los ojos... :"(

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